Reciclar una tonelada de aluminio tiene un impacto significativo en la preservación del medio ambiente. Aproximadamente, al reciclar una tonelada de aluminio, se evita la necesidad de extraer alrededor de cinco toneladas de bauxita, una roca sedimentaria que se compone principalmente de alúmina (Al2O3) y que es la fuente primaria de aluminio utilizado por la industria.
El proceso de obtención de aluminio a partir de la bauxita en la producción primaria conlleva la emisión de grandes cantidades de dióxido de carbono (CO₂), estimándose en 320 millones de toneladas al año. Por otro lado, el reciclaje de aluminio genera una fracción significativamente menor de emisiones, alrededor de 20 millones de toneladas al año, lo que representa una reducción impresionante del 84% en las emisiones de CO₂. Con el uso de tecnologías modernas, esta reducción puede alcanzar hasta un 95%, desempeñando un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático y sus consecuencias.